12 abril 2009

Resucitar en domingo



Por pura casualidad, el 78º aniversario de las elecciones municipales de 1931 que acabaron cambiando el régimen político en España coincide este año con el domingo de resurrección. 

Quizá, sólo quizá, no sea una casualidad. No dejo de pensar que muchas de las grandes transformaciones, ya sean políticas, sociales o sexuales, ocurren cuando la sangre está alterada: a mediados de abril, en un clima como el del sur peninsular, es normal que llegue ya cierto calor y que los ánimos se levanten para hacer a los individuos entrar en acción.

Tampoco es casualidad que la semana santa y la feria de Sevilla se celebren, dada su coincidencia con el comienzo de la temporada cálida, con tanta exaltación de ánimos. Gritar 'guapa, guapa' a una virgen, vestirse de gitana o de traje para pasar 16 horas seguidas en el real de la feria o cambiar el régimen político de un estado -ya sea en la España de 1931, la Grecia de 1967 o el Portugal de 1974-, todo ello se puede producir en el mes de abril.

Con el mismo ímpetu, el embate de la resistencia a los cambios es igualmente feroz en abril. Para no ir más lejos, esta última semana en Sevilla es prueba de la peor mentalidad contrarreformista que se ha visto en España en treinta o cuarenta años: sin permitir ningún tipo de crítica, todo el centro de la ciudad se ha cerrado al paso de los ciudadanos normales, incluso con vallas clavadas en las aceras y con guardias de seguridad privada impidiendo el paso de los peatones por muchas calles (ignorando, asesinando el artículo 19 de la CE). Se han cerrado 13 estaciones de alquiler de bicicletas públicas, sin avisar y sin rebajar el precio del abono semanal. Se ha dedicado la programación de la televisión pública municipal íntegramente a las procesiones. 

Se han empleado recursos públicos en adaptar la calle a las necesidades capillitas (además de la mítica operación quita-y-pon-catenarias-de-tranvía, se ha asfaltado la plaza de San Francisco). En un caso especialmente escandaloso, se han eliminado las adaptaciones del espacio público a los discapacitados: asombrosamente, se han rellenado de cemento los bordillos rebajados de las calles que salen de la Campana para poner más sillas de la carrera oficial encima (y, presumiblemente, para ganar más dinero con su alquiler).  

Lo peor de todo es que el 90% de la población ve tal transformación como algo inevitable y no opone resistencia ninguna. Parece que todo está permitido porque la celebración de un evento como este, o como los sanfermines, o las fallas, es un beneficio para la ciudad. Incluso, a quien pregunta qué le aporta a él tamaña alteración del orden público y a quien se atreve a levantar su voz en contra de estas decisiones e imposiciones, se le ofrece una única alternativa: "si no te gusta, te vas a la playa, que sólo es una semana al año". Como si suspender mis derechos fundamentales y adquiridos fuera menos grave porque sólo se hace durante ocho días de abril cada año. 

Abril, este mes de contrastes, es capaz de sacar lo mejor de cada uno de nosotros, de hacernos cambiar a un rey por una república, pero también es capaz de recordarnos lo lejos que quedan aquellos ideales de quien luchó en las urnas, sin pegar un solo tiro, por alcanzar la libertad y la igualdad para todos. Conseguir que esos ideales vuelvan a vivir en un domingo cualquiera del mes de abril sí sería causa de celebración. Ése será, y no renuncio a lograrlo, un verdadero domingo de resurrección. 

4 comentarios:

Ignacio García Fenoll dijo...

Mezclas churras y merinas a tu antojo. Y no, no has conseguido entender muchas cosas.
Un saludo.

Xosé Alberte dijo...

Es que me gusta el mestizaje... ;)

Y ahora ya en serio, cuando quieras nos tomamos algo y hablamos del tema. Sé que soy un poco pesado, pero estaré dispuesto a invitarte a cenar a cambio de que me expliques todo lo que no he entendido de la semana santa.

¿Trato hecho?

Anónimo dijo...

Si no te gusta lo que hay, ya sabes donde irte, que en Sevilla no queremos a nadie que no esté a gusto con la ciudad y todas sus consecuencias.

Xosé Alberte dijo...

A eso es a lo que vamos... "si no te gusta, te largas". Es una muestra de intolerancia en toda regla, aunque supongo que mi postura para ti, anónimo, también lo será. El caso es que yo estoy dispuesto a debatir y hablar sobre los temas con calma y de manera constructiva, mientras que gente como tú sólo ofrece una posibilidad: "si no te gusta, te vas".

Yo soy de fuera y tengo donde irme esa semana, pero si fuera sevillano sin casa en Chiclana o Chipiona, esa posibilidad no existiría. Tendría que pensar en ir al mercadona a por provisiones, meterme debajo de la manta y esperar una semana a que la movida hubiera acabado. Porque de plantear cambios y medidas para hacer todo más agradable para todos, ni hablar. Viva tú.